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2008

2008

Antoni Tàpies

(BARCELONA, 1923)

Antoni Tàpies nace en Barcelona en 1923, en el sino de una familia burguesa, culta y catalanista, inmersa desde mediados de siglo XIX en una tradición editorial y cercana al mundo del libro que pronto despierta en el artista un amor por la lectura y por los libros.

Esta predisposición se ve acentuada en la larga convalecencia de una enfermedad pulmonar, durante la cual inicia sus tanteos artísticos. Progresivamente, se dedica con mayor intensidad al dibujo y a la pintura y, para poder dedicarse plenamente a ellos, acaba dejando los estudios de Derecho. En la década de los años cuarenta, expone ya sus obras, que destacan en la panorámica artística del momento.

Partícipe de una sensibilidad generalizada que afecta a los artistas de ambos lados del Atlántico en relación con la época de la Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de la bomba atómica, Antoni Tàpies expresa desde bien pronto un interés por la materia, la tierra, el polvo, los átomos y las partículas, que se plasma formalmente en el uso de materiales ajenos a la expresión plástica academicista y en la experimentación de nuevas técnicas. Las pinturas matéricas forman parte substancial de la obra de Tàpies y constituyen un proyecto que sigue desarrollándose hoy en día. Tàpies cree que la noción de materia debe entenderse también desde la perspectiva del misticismo medieval como magia, mímesis y alquimia. Es en este sentido como debemos entender el deseo del artista que sus obras tengan el poder de transformar nuestro interior.

Durante los años cincuenta y sesenta, Antoni Tàpies irá elaborando una serie de imágenes extraídas de su entorno inmediato, que aparecerán en las diferentes etapas de su evolución.

A menudo, una misma imagen, además de ser representada de diversas maneras, tendrá una serie de significaciones diferenciadas que se irán superponiendo. Su mensaje se centra en la revaloración de lo que se considera bajo, repulsivo, material (no es en vano que Tàpies escoge a menudo temas tradicionalmente considerados desagradables y fetichistas, como pueden ser anos defecando, un zapato abandonado, un sobaco, un pie y otros).

Así mismo, la obra de Antoni Tàpies ha sido siempre permeable a los acontecimientos políticos y sociales del momento. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, su compromiso político contra la dictadura se intensifica y las obras de este período tienen un marcado carácter de denuncia y de protesta. Coincidiendo con la eclosión del arte povera en Europa y el post-minimalismo en los EUA, Tàpies acentúa su trabajo con objetos, no mostrándolos tal como son, sino imprimiéndoles su sello e incorporándolos a su lenguaje. A principios de los años ochenta, una vez restaurado el Estado de Derecho en España, el interés de Tàpies por la tela como soporte adquiere una fuerza renovada. Durante estos años, realiza obras con goma-espuma o con la técnica del spray, utiliza barnices y crea objetos y esculturas de tierra o de bronce, al mismo tiempo que se mantiene muy activo en el campo de la obra gráfica. Por otro lado, a finales de los años ochenta, parece reforzarse el interés de Tàpies por la cultura oriental, una preocupación que ya se había estado gestando desde los años de la postguerra y que se convierte, cada vez más, en una influencia filosófica fundamental en su obra por su énfasis en lo que es material, por la identidad entre el hombre y la naturaleza y por la negación del dualismo de nuestra sociedad. Igualmente, Tàpies se siente atraído por una nueva generación de científicos que contribuyen a dar una visión del universo que entiende la materia como un todo en cambio y formación constantes.

Las obras de los últimos años constituyen, sobre todo, una reflexión sobre el dolor – tanto físico como espiritual – entendido como parte integrante de la vida. Influido por el pensamiento budista, Tàpies considera que un mayor conocimiento del dolor permite hacer más dulces sus efectos, y, por lo tanto, mejorar la calidad de vida. El paso del tiempo, que siempre ha sido una constante en la obra de Tàpies, adquiere ahora nuevos matices al vivirse como una experiencia personal que implica un mejor autoconocimiento y una comprensión más clara del mundo que le rodea. Durante estos últimos años, Antoni Tàpies ha consolidado un lenguaje artístico que traduce plásticamente, por un lado, su concepción del arte y, por otra, unas preocupaciones filosóficas renovadas con el paso del tiempo. Su práctica artística continua permeable a la brutalidad del presente, y al mismo tiempo, ofrece una forma que, a pesar de su ductilidad, permanece fiel a sus orígenes. En este sentido, las obras de los últimos años no sólo se inscriben en la contemporaneidad, sino que también son un registro del propio pasado del artista.

Paralelamente a la producción pictórica y objetual, Tàpies ha ido desarrollando, desde 1947, una actividad intensa en el campo de la obra gráfica. En este sentido, conviene destacar que el artista ha realizado un gran número de libros de bibliófilo y carpetas, en estrecha colaboración con poetas y escritores como Alberti, Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer, Guillén, Jabès, Mestres Quadreny, Mitscherlich, Paz, Saramago, Takiguchi, Ullán, Valente y Zambrano, entre otros.

Así mismo, Antoni Tàpies ha desarrollado una tarea de ensayista que ha dado lugar a una serie de publicaciones, algunas de ellas, traducidas a diversos idiomas: La práctica del arte (1970), El arte contra la estética, (1974), Memoria personal (1978), La realidad como arte (1982), Por un arte moderno y progresista (1985), Valor del arte (1993) y El arte y sus lugares (1999).

Biografía facilitada por la Fundación Antoni Tàpies

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