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2007

2007

Jaume Plensa

(BARCELONA, 1955)

Una mancha ovalada, dos ojos y una boca. No hace falta más, así trabajan los poetas. Un poco de piel para sentir el dentro y el fuera, unos ojos emocionados y unos labios abiertos, el escenario natural de las palabras, el «maravilloso espacio oscuro y fascinante», como dijo el propio artista. En conjunto, un rostro vivo que, al mismo tiempo, es máscara. El retrato de cualquiera de nosotros, porque incluso la palabra que utilizamos para describirnos, “persona”, procede de la expresión latina “máscara de actor”. Así nos interpela desde el cartel para Temporada Alta de este año Jaume Plensa (Barcelona, 1955), escultor y artista gráfico formado en Barcelona -en la Llotja y en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jordi– y distinguido, entre otros méritos, con el nombramiento como “Chevalier des Arts et des Lettres” por el Ministerio de Cultura francés (1993), el Premio Nacional de Artes Plásticas, de la “Generalitat de Catalunya” (1997) y el título de Doctor Honoris Causa por el “School of the Art Institute of Chicago” (2005).

Dos de los ejes fundamentales en la obra de Plensa, presentes en sus numerosas exposiciones de todo el mundo –en el Reina Sofía, de Madrid (2000), o en “The Arts Club Center”, de Chicago (2004), por citar un par –, en la escultura pública –repartida por Europa, América y Asia– y en sus colaboraciones interdisciplinarias para montajes operísticos y teatrales, son el cuerpo y el texto, compartidos por el alma de Temporada Alta: el teatro. Y es que el arte contemporáneo, como sucedía durante el Barroco, es un enamorado de los escenarios y de todo aquello que requiere del tiempo para suceder. Por eso, su cartel está lleno de palabras. Textos y mensajes aparecen a menudo en la obra de Plensa, ya que son inseparables del tiempo, constructor de la memoria y guardián del yo. A este artista le interesa aquello que deja poso –un líquido misterioso, por ejemplo, en el interior de recipientes de cristal en Glass Heads (2003)– o que queda inscrito sobre la piel –las poesías que cubren la escultura sedente Tattoo (2003)–, como la palabra “teatro” bajo la piel transparente del rostro-máscara, donde las vivencias llegan para quedarse, y también encima, tatuada en contacto con el mundo. Plensa percibe el tiempo como un «sedimentador de experiencias», como el fenómeno demiúrgico que fija vivencias tan intensas como las que tienen lugar en el teatro, con los actores, con la palabra –que también incluye, por medio de la ausencia, la vibración del silencio-, y que desvelan la conciencia de ser personas, de ser rostro y máscara, original y representación.

Pere Parramon

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